¿Le estás dando lo mejor a Dios? Una reflexión imperdible para jóvenes.

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¿Le estás dando lo mejor a Dios? Una reflexión imperdible para jóvenes.

Muchas veces todos vivimos una vida a medias: cristianos a medias, amigos a medias, esposos a medias; en una mediocridad constante porque no estamos dispuestos a tomar una decisión radical, y poner de nuestra voluntad para ser mejores. Y no es algo que sucede únicamente a los jóvenes, sino que también a los adultos. Pasamos con un pie en el pecado y un pie en la gracia.

 

  1. La dicha de ser llamados en nuestra juventud (2ª  Timoteo 2,22)

Alguna vez te has detenido a pensar ¿Cómo estaría si Dios no estuviese en mi vida? Muchas veces pasamos por alto, que en su  infinito amor y Misericordia, el Señor nos llamó para protegernos, bendecirnos y santificarnos desde nuestra juventud. Tomamos como algo normal, como un juego o como algo social el estar en Comunidad y servirle; cuando en realidad es un regalo maravilloso: ¡cuántos jóvenes perdidos en las drogas, cuántos jóvenes que no se saben amados por Dios, cuántos jóvenes desperdiciando los mejores años de su vida en cosas vanas!

  1. Déjate encontrar por el Señor, y enamórate de Él (1ª Tim 4,12)

Cuando Jesús entra en nuestra vida, debemos darle permiso que tome todas las áreas de nuestro ser para que las purifique y las sane. Él lo hace todo, pero nosotros debemos mostrar nuestra disponibilidad y poner de nuestra parte. Enamorarnos de Jesús es una aventura maravillosa, pues nos fallarán todos, menos Él: fallan papás, mamás, novios, amigos, hermanos… pero el Señor permanece fiel, nos perdona y nos ayuda a continuar.

Pero debes enamorarte del Señor, no como una frase bonita, sino como un acto concreto de voluntad, que se manifiesta en acciones: ser asiduo a la comunidad, los Sacramentos, el Grupo de Oración y dejar lo que le desagrade. Ir cambiando poco a poco.

  1. No poner excusas para ir al encuentro del Señor.

Cuando de verdad deseamos seguirle, no hay obstáculos. Los que ponemos son excusas, porque es posible estudiar, tener amistades y noviazgos (Santos) y seguir al Señor. Es posible ser un joven normal y vivir un cristianismo profundo, verdadero y coherente. Se puede ir al cine, salir a compartir con los amigos y vivir en el mundo sin ser del mundo. El pecado tampoco es excusa, pues el Señor es rico en Misericordia y nos perdona siempre que nos arrepintamos de Corazón.

  1. Dios no nos quita nada, pero nos da todo.

Entregar al Señor los mejores años de nuestra vida (o lo mejor que hay en nosotros) es la mejor decisión que se puede tomar en la vida. Él nos puede dar todo lo que necesitamos, solo basta que le digamos que sí. Ser un servidor del Señor en los años de juventud es una experiencia maravillosa, una aventura, una felicidad, algo que nos puede salvar la vida. Nos rescata de las garras del demonio, el mundo y la carne, para darnos paz, fortaleza, alegría y amor.

 

No tengas miedo de ser radical y entregar los mejores años de tu vida al Señor, puedes si quieres, porque él no te deja, está siempre contigo. “Yo soy quien te manda; esfuérzate, pues, y sé valiente. No temas ni te asustes, porque contigo está Yahveh, tu Dios, adondequiera que vayas.»”  (Josué 1,8-9)

 

Escrito por: Lisseth Cruz Bonilla

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