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Actitud con los inmaduros | Sabado 06 mayo, reflexión evangelio (Escrito)

Sábado III semana de Pascua, ciclo A. Jn (6,60-69)

El mundo está lleno de personas inmaduras. La persona inmadura es aquella que busca hacer recaer la culpa en el otro. Es aquella que no asume las consecuencias de sus errores y sobre todo no acepta críticas, ni consejos ni correcciones. Se enoja y a veces termina hasta alejándose.

El Evangelio de este día se presta para hablar de este tema. Juan 6, 60-69. Jesús ha estado diciendo “Yo soy el pan de vida, el que come mi carne y beba mi sangre tendrá vida eterna” y los judíos dicen “este modo de hablar es duro, ¿quién puede hacerle caso?”. Esta situación sucede muchas veces en nuestra vida, quizá con un amigo, amiga, novio, hijo. Esta situación de que, ante un consejo o palabra dura, los demás se quieren alejar de nuestra vida. Jesús nos enseña cual debe ser la actitud.

Hay que dejar claro algo desde el inicio: el que se quiere alejar de alguien, por mucho que intentes convencerle, no está buscando argumentos, muchas veces está buscando excusas para alejarse. El que se quiere alejará, se alejará, por mucho que intentes convencerle. El que se quiere quedar, por muchas dificultades que enfrente se quedara. Ante una crítica constructiva, un consejo, una corrección, muchos quizá se enojen contigo, no les guste. Así como los judíos ante el discurso de Jesús, dicen: “es que no podemos seguirle, tenemos que alejarnos” Lo primero a tomar en cuenta: si alguien tiene que alejarse de tu vida, no hay que andar mendigando amistad o cariño, o perdiendo incluso la dignidad. Si alguien se quiere alejar de tu vida, como Jesús, déjalo en libertad.

Lo segundo es que, ante esto, Jesús propicia el diálogo. Les dice a los discípulos: ¿también ustedes quieren marcharse? Si una persona porque le corregiste, se enojó tú siempre tienes que propiciar el diálogo “no me gustaría que te alejaras, la corrección yo te la hice porque te deseo el bien, quiero que mejores, pero si tú decides alejarte, esa es tu decisión.”. Entonces, dos cosas: propiciar el diálogo y luego, dejar en libertad.

La persona madura es aquella que cuando se le corrige, por muy duras que sean las palabras, cuando se l e regaña, valora a la otra persona. Valora que se jugó los afectos para decirle eso que quizá nadie le iba a decir.

Jesús le pregunta: ¿También ustedes se quieren marchar? y los discípulos dicen “¿Señor a quién iremos? Solo Tú tienes Palabras de vida eterna” la persona madura soporta un regaño, una corrección porque sabe que no es por hacerle daño sino por desearle un bien.

La persona inmadura, por el contrario, ante un pequeño regaño, que le hablo mal un padre, que esto le dijo tal coordinador, se alejan hasta de la Iglesia y se pierden de los sacramentos. Son signos de inmadurez. La persona madura, acepta que le corrijan e incluso esas palabras que parecen duras porque sabe que son para su bien.

Valora a la otra persona que sabe decirte quizá eso que nadie te dijo. Valora a la otra persona que te corrige o regaña que te hace ver donde estas fallando.
Que el Señor te bendiga.

Padre Sam.

2 Comments

  1. Monica Cueva dice:

    Genial !
    Me encantó esta reflexión 😍

  2. Milagros dice:

    Muy buena reflexión!!! la comparto.

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