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El tesoro de los católicos | Viernes 05 mayo, reflexión evangelio (Escrito)

Viernes III semana de Pascua, ciclo A. Jn (6 52-59)

Los católicos tenemos un gran tesoro y lo decimos con mucha humildad y agradecimiento. El tesoro de la Eucaristía. Dicho con mucha humildad, pero con mucha claridad. La Eucaristía es uno de los mejores regalos que se pierden los hermanos separados. Recuerdo esta frase que Scott Hahn les dedicó a los hermanos separados diciéndoles: “Mientras ustedes discuten el menú, refiriéndose a la biblia; nosotros disfrutamos el banquete, referido a la eucaristía.” La Eucaristía es el Cuerpo y la Sangre de Cristo. Sí, nos parece impresionante, pero creemos profundamente esta doctrina, no dada por hombre alguno, sino por el mismo Jesús.

Todo el capítulo 6 de San Juan enfatiza esta doctrina sobre la Eucaristía. El Evangelio de este día, Juan 6, 52-59, viene a reafirmar estas frases: dice por ejemplo el Evangelio de este día “el que coma mi carne y beba mi sangre, tiene vida eterna”, esta expresión se repite muchas veces en la Escritura. Al escuchar eso, vemos, en el capítulo 6 de San Juan, que muchos judíos empiezan a abandonarle; pero ante la huída de estos judíos, Jesús nunca corrigió estas frases por muy duras que parecieran, sino que las reafirmó.

Pudiéramos hacernos esta pregunta: ¿Se trata la doctrina de la Eucaristía de un mal entendido? ¿Es solo una figura retórica que usó Jesús? En realidad no. Nunca la corrigió Jesús. Es una doctrina propia dicha de boca de Jesús. Pongamos un ejemplo: Cuando se trataba de un mal entendido, en el Evangelio, y Jesús veía que iban por otro lado, en la comprensión de lo que les había dicho, Jesús les detiene y corrige: Cuando le dijo a Nicodemo “hay que nacer d nuevo”, le pregunta Nicodemo “¿hay qué meterse en el vientre de nuevo?” Jesús dice: “No, se trata de nacer del Agua y del Espíritu, nacer de lo alto”. Cuando hay un malentendido, Jesús lo corrige.

En el caso de esta frase “el que come mi carne y beba mi sangre, tiene vida eterna” Jesús en ningún momento lo corrige, sino que la reafirma: “yo soy el pan vivo, bajado del cielo el que come este pan, vivirá para siempre”. Hermana, hermano: cuando comulgues, nunca olvides que es a Jesús a quien recibes, hazlo con un alma pura, con la debida reverencia. No es un refrigerio, no es una galleta; lo que recibes es el Cuerpo y Sangre de Jesús. Sé agradecido después de comulgar, agradece ese gran regalo, ese gran tesoro que nos ha dejado Jesús, el tesoro de los católicos: la Eucaristía.

La promesa de Jesús “Yo estaré con ustedes todos los días de sus vidas” se cumple a perfección en la Eucaristía. Ahí, Jesús, desde el altar, desde el Sagrario, nos acompaña todos los días de nuestra vida.  ¿Y tú le acompañas, le visitas, le agradeces este tesoro que Jesús nos ha dejado?
Que El Señor te bendiga.

Padre Sam.

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