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Lunes III semana de Pascua, ciclo A. Jn (6,22-29)

Todos tenemos un amigo, un conocido o alguien que solo se acerca a nosotros cuando nos necesita, que solo nos habla cuando quiere algo. Creo que todos, cuando alguien hace eso con nosotros, nos sentimos muy incómodos, empezamos a sentir que nos están utilizando y en efecto, así es. El verdadero amigo no solo te busca cuando te necesita sino también para acompañarte en momentos felices, para acompañarte en momentos que celebras algo, etc.

Traslademos esta misma pregunta  a Jesús, hazla de manera personal: ¿y tú en que ocasiones buscas a Jesús?

Para muchos, Jesús solo es un relojero. Es decir, cuando se ha arruinado una pieza en mi vida, ahí acudo a Jesús para que la repare. Es como un relojero que interviene en mi vida cuando hay algo que reparar. Muchos tienen a Jesús como un bombero, cuando algo está encendido, acabándose o quemándose, ahí piden auxilio a Jesús. Pero ¿Cuántas veces Jesús no se habrá sentido utilizado? es decir, que le hemos buscado en el momento nada más de necesidad y nos hemos olvidado, por ejemplo de agradecerle, de estar cuando todo va bien.

Hoy Jesús hace este reclamo en el Evangelio de este día,  Juan 6, 22-29. Ha pasado la multiplicación de los panes, muchos siguen nuevamente a Jesús, no lo dejan descansar y Él les dice: « les aseguro que ustedes no me buscan porque hayan visto signos sino más bien porque les he saciado el estómago ». Es oportuno que tú te preguntes: ¿y yo en que situaciones busco al Señor? ¿En qué circunstancias busco su ayuda? No vayamos a caer en el error que a nosotros no nos gustaría que hicieran con nosotros, que solo busquemos a Jesús cuando le necesitamos, cuando queremos algo. Hay que estar con Jesús, seguirle, buscarle no solo en momentos de dolor y dificultad sino también cuando hay mucho que agradecerle, cuando las cosas van bien, para agradecerle esa bendición que nos ha dado. Ese es el verdadero hijo de Dios: aquel que busca a Jesús en todo momento.

Un buen amigo está presente en la tristeza pero también en la alegría.
Que El Señor te bendiga.

Padre Sam.

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