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Donación de órganos | Qué dice la Iglesia.

puede una persona donar organos

¿PUEDE UNA PERSONA DONAR SUS ÓRGANOS?

La donación de órganos es un acto noble y meritorio que debe ser alentado”, así reza el numeral 2301 del Catecismo de la Iglesia católica (CEC). De hecho, es un gran acto de amor, pues se ofrece una parte del propio cuerpo para la salud y el bienestar de otra persona, en cierto sentido es cumplir aquella máxima de Jesús: “no hay amor que el que da la vida por sus amigos”. Pero ¿qué dice la Iglesia al respecto? ¿Qué criterios se deben seguir?
La doctrina de la Iglesia sobre este asunto está condensada en los numerales 2295 y 2296 del CEC. Ahí se menciona que:

  • 2295 Las investigaciones o experimentos en el ser humano no pueden legitimar actos que en sí mismos son contrarios a la dignidad de las personas y a la ley moral. El eventual consentimiento de los sujetos no justifica tales actos. La experimentación en el ser humano no es moralmente legítima si hace correr riesgos desproporcionados o evitables a la vida o a la integridad física o psíquica del sujeto. La experimentación en seres humanos no es conforme a la dignidad de la persona si, por añadidura, se hace sin el consentimiento consciente del sujeto o de quienes tienen derecho sobre él.
  • 2296 El trasplante de órganos es conforme a la ley moral si los daños y los riesgos físicos y psíquicos que padece el donante son proporcionados al bien que se busca para el destinatario. La donación de órganos después de la muerte es un acto noble y meritorio, que debe ser alentado como manifestación de solidaridad generosa. Es moralmente inadmisible si el donante o sus legítimos representantes no han dado su explícito consentimiento. Además, no se puede admitir moralmente la mutilación que deja inválido, o provocar directamente la muerte, aunque se haga para retrasar la muerte de otras personas.

De lo dicho anteriormente, podemos concluir que LA DONACIÓN DE ÓRGANOS SÍ ESTÁ PERMITIDA, y se puede realizar tanto si la persona está viva o ya ha fallecido. Para ello, en ambos casos se deben seguir ciertos criterios.

Si la persona está con vida, el donante debe aceptar donar sus órganos, además se le debe informar bien de los riesgos y/o efectos secundarios que esto traerá a su salud. Por otra parte, al donar uno de sus órganos, debe haber garantía de éxito proporcionales, es decir, si una persona dona un órgano es porque realmente le va a servir a otra persona. Por último, para poder donar un órgano debe tratarse de un órgano doble (pulmón, por ejemplo) o algo regenerable (la sangre por ejemplo). Como recalca el numeral 2295, se puede proceder a la donación de órganos siempre y cuando los daños y riesgos físicos y psíquicos que el donante pueda padecer sean proporcionados al bien que se busca.

Si la persona está inhabilitada o ya ha fallecido se debe preguntar a sus familiares si mientras estuvo en vida expresó estrictamente su oposición, además se debe revisar el testamento para comprobar también si dejó algo escrito al respecto. De no tener ninguna voluntad expresa de no hacerlo (donar sus órganos) sus familiares, encargado, padre o tutor pueden autorizar que se donen sus órganos.

Cuando se trata de un órgano vital, como el corazón, estos sólo pueden ser donados después de haber fallecido la persona, es decir, al haberse comprobado clínicamente que la persona está muerte (que haya cesado su actividad cerebral).

El tráfico de órganos es algo claramente condenado por la Iglesia, de hecho se trata de una violación directa a la dignidad de la persona, a su libertad y voluntad. A este reguardo, el CEC 2297 enfatiza: “Los secuestros y el tomar rehenes hacen que impere el terror y, mediante la amenaza, ejercen intolerables presiones sobre las víctimas. Son moralmente ilegítimos. El terrorismo, amenaza, hiere y mata sin discriminación; es gravemente contrario a la justicia y a la caridad. La tortura, que usa de violencia física o moral, para arrancar confesiones, para castigar a los culpables, intimidar a los que se oponen, satisfacer el odio, es contraria al respeto de la persona y de la dignidad humana. Exceptuados los casos de prescripciones médicas de orden estrictamente terapéutico, las amputaciones, mutilaciones o esterilizaciones directamente voluntarias de personas inocentes son contrarias a la ley moral (cf Pío XI, Cart enc. Casti connubii: DS 3722)”.

Como bien lo resumía el entonces cardenal Ratzinger: “donar los propios órganos es un gesto de amor moralmente lícito siempre que sea un acto libre y espontáneo”.

Como hemos visto, la practica de la donación de órganos es algo que la Iglesia alienta a realizarse, pero sin descuidar las exigencias éticas al respecto. Como lo decía el papa Juan Pablo II: “el primer fin de la medicina es el servicio a la vida humana, por lo que los trasplantes son una gran conquista de la ciencia al servicio de la humanidad (…) siempre y cuando se respete la naturaleza y dignidad humanas”.

-Padre Sam

1 Comment

  1. Patty Juarez dice:

    Que bonito artículo Padre Sam. Dios le bendiga y le mantenga firme ante más tentaciones para que podamos seguir conociendo más del catecismo y de la Biblia.

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